Tocineando a la Bipolar

De todo lo que soy y lo que tengo

El efecto dominó se repite… febrero 5, 2011

El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín, esta fue la etapa mas evidente de la caída de los regímenes comunistas en Europa. Fue como un efecto dominó que afectó a la URSS, Hungría, Polonia, Checoslovaquia, Rumanía, Bulgaria y la República Democrática Alemana. Cronológicamente las cosas sucedieron así:

Todo empezó con el proyecto de Gorbachov que implicaba la imposibilidad de mantener por la fuerza a los regímenes de las democracias populares tal como se habían configurado tras las sucesivas intervenciones soviéticas. La perestroika y la glasnost tuvieron una inmediata consecuencia en los estados satélite de la Europa del Este.  La forma en que Gorbachov puso en marcha el desmoronamiento del imperio soviético fue simple: no hacer nada para defender los regímenes del Este europeo. Sin la intervención soviética, estos gobiernos fueron barridos con extraordinaria facilidad en el corto plazo de unos meses. Aunque el objetivo de Gorbachov era que estos países aplicaran su propia perestroika, manteniéndose en el Pacto de Varsovia, muy pronto la realidad desbordó sus esperanzas.

Polonia fue el país que inició el proceso revolucionario. Tras una serie de huelgas en el verano de 1988, el gobierno comunista, dirigido por el general Jaruselzski, tuvo que sentarse a negociar con el sindicato Solidaridad. Los acuerdos de abril de 1989 significaron el reconocimiento legal del sindicato y la apertura de un proceso de transición democrática.

En Hungría fueron los propios reformadores comunistas, como Imre Pozsgay, los que desmontaron con gran celeridad el sistema. Tras expulsar al viejo Janos Kadar en 1988, en la primavera de 1989 se estableció el multipartidismo y en octubre de ese año el Partido Socialista Obrero Húngaro (nombre oficial del partido comunista) se disolvía y se aprobaba una constitución democrática. Las elecciones del primavera de 1990 llevaron al poder a fuerzas democráticas anticomunistas.

El cambio en Hungría tuvo una enorme repercusión exterior. La decisión de las autoridades de Budapest de abrir su frontera con Austria en septiembre de 1989 abrió una brecha en el telón de acero por el que decenas de miles de habitantes de la República Democrática de Alemania huyeron hacia la República Federal de Alemania,  atravesando Checoslovaquia, Hungría y Austria. Al éxodo de la población se le unió pronto una oleada de manifestaciones a lo largo de toda Alemania Oriental.

Honnecker fue sustituido por un comunista reformista, Egon Krenz, quién tomó la histórica decisión de abrir el Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.El rápido derrumbamiento de la RDA abrió un proceso de negociación entre las cuatro potencias vencedoras de la segunda guerra mundial y la RFA, dirigida por un canciller, Helmut Kohl, que era muy consciente de la oportunidad histórica que se le abría a Alemania. Finalmente el denominado Acuerdo 4+2 (EE.UU, Reino Unido, Francia y la URSS más la RFA y la RDA) posibilitó la reunificación de Alemania el 3 de octubre de 1990.

En Checoslovaquia, la caída del Muro de Berlín precipitó los acontecimientos. El régimen de Gustav Husak, guardían de la ortodoxia brezneviana desde 1968, tras un último intento represivo contra una manifestación estudiantil el 17 de noviembre, se derrumbó con enorme facilidad. La denominada Revolución de Terciopelo llevó a fines de diciembre a la presidencia de la Asamblea legislativa al héroe de la Primavera de Praga, Alexander Dubcek, y a la jefatura del gobierno a Vaclav Havel, uno de los disidentes más famosos en la Europa comunista.

Al día siguiente de la caída del Muro de Berlín, un golpe dentro de la dirección del partido comunista en Bulgaría, alentado por Gorbachov, derrocó al viejo líder Todor Yivkov y llevó al poder a Petar Mladenov, un comunista reformista que inició el camino hacia la democratización del régimen.

En Rumanía tuvo lugar la revolución más violenta de 1989.  El 21 de diciembre el Conducator Nicolae Ceaucescu se encontró con que una manifestación para glorificarle se convirtió en una áspera protesta popular. En ese momento estalló una insurrección preparada por diversos cargos del partido comunista,  y apoyada por el ejército y el pueblo. Tras vencer la resistencia de la Securitate, la temida policía secreta del régimen, Ceaucescu y su mujer Elena fueron apresados en su intento de huida, juzgados sumariamente y ejecutados el 25 de diciembre.La revolución rumana, que causó cerca de dos mil víctimas, puso fin al ciclo revolucionario de 1989 en la Europa oriental. En la pequeña pobre y pro-china Albania hubo que esperar un año más para que la dictadura instaurada por Enver Hoxha terminara cayendo.

Esto pasó hace 22 años, pero ahora parece que vuelve a suceder un efecto dominó en los regímenes islamistas, primero fue Túnez, empezó el 17 de diciembre de 2010, cuando el joven diplomado informático Mohamed Bouazizi se quemó a lo bonzo para protestar por la acción de la policía que, al confiscarle su puesto callejero de venta de frutas, le había condenado al paro, y continuaron por la reacción de la población con fuertes protestas ante el suceso, así como por el incremento excesivo de los precios en los alimentos básicos, la corrupción, las malas condiciones de vida de los habitantes tunecinos y la falta de oportunidades para superar la crisis económica.

El presidente Zine El Abidine Ben Ali, que gobernaba desde 1987, exigió el cese de los disparos indiscriminados de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes, del mismo modo, manifestó que dejaría el poder en 2014 y prometió libertad de información en todos los medios de comunicación, incluido Internet. Unos días después, el 14 de enero de 2011, ante la presión de las protestas, el presidente huyó del país cediendo al poder al primer ministro Mohammed Ghannouchi, y refugiándose en Arabia Saudí.

Y ahora Egipto, que es un país esencial en Oriente Medio por su importancia geoestratégica, su población -con 84 millones de habitantes es el país árabe más poblado- y por su influencia cultural. Ante la posibilidad de la caída del presidente egipcio, Israel es el país que se muestra más preocupado. El Egipto de Hosni Mubarak ha actuado como un aliado en el conflicto con los palestinos y teme que otro gobierno sea contrario a sus intereses. A pesar de la inestabilidad que conllevaría la caída de Mubarak, Waleed Saleh espera que suceda lo antes posible. Y es que, cada día que continúa en el país, la tensión sigue aumentando…

Espero que los egipcios consigan ganar el pulso a Hosni Mubarak, para poder conseguir libertad y los derechos humanos que están demandando. Caerá algún régimen islamista mas? Será un nuevo efecto dominó como en el año 1989? Será un ciclo que se repite cada N años?

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